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Una recent investigació del Govern d’Estats Units basada en els resultats de tres models d’impacte econòmic àmpliament utilitzats, ha conclòs que cada tona adicional de CO2 emesa el 2015 causaria danys econòmics per un valor de 37 dòlars.

Font: Ecoticias

http://www.ecoticias.com/co2/99132/danos-causados-emision-CO2coste-dolares-tonelada

El daño económico causado por una tonelada de emisiones de CO2, a menudo considerado como el coste social del carbono, podría ser seis veces más alto que el estimado por Estados Unidos. Es la conclusión de un estudio realizado por científicos de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos.

Una reciente investigación del Gobierno estadounidense concluyó, basándose en los resultados de tres modelos de impacto económico ampliamente usados, que una tonelada adicional de CO2 emitida en 2015 causaría daños económicos por un valor de 37 dólares. Se espera que estos daños se produzcan de varias formas, incluyendo la disminución de los rendimientos agrícolas y daños a la salud humana relacionados con el cambio climático.

Pero según el nuevo estudio, publicado esta semana en la edición digital de ‘Nature Climate Change’, el coste actual podría ser mucho más alto. “Estimamos que el costo social del carbono no es de 37 dólares, como se había estimado anteriormente, sino de 220 dólares”, resalta la coautora del estudio Frances Moore, estudiante de doctorado en el Programa Interdisciplinario Emmett en Medio Ambiente y Recursos de la Escuela de Ciencias de la Tierra de Stanford.

Basándose en los resultados, los países pueden querer aumentar sus esfuerzos por disminuir los gases de efecto invernadero, señala otro de los autores del trabajo, la doctora Delavane Diaz, estudiante de doctorado en el Departamento de Gestión de Ciencia e Ingeniería. “Si el costo social del carbono es más elevado, muchas más medidas de mitigación deberán pasarán un análisis de costo-beneficio -apunta Diaz–. Debido a que las emisiones de carbono son tan perjudiciales para la sociedad, incluso valdrían la pena los costosos medios de reducción de las emisiones”.

Para su Estudio, Moore y Diaz modificaron un bien conocido modelo para calcular el impacto económico del cambio climático, conocido como un modelo de evaluación integrado o IAM. Su formulación alternativa incorporar hallazgos empíricos recientes que sugieren que el cambio climático podría disminuir sustancialmente la masa de crecimiento económico, sobre todo en los países pobres.

IAM es una importante herramienta política. Como incluye los costes y los beneficios de la reducción de emisiones, puede aportar información sobre el nivel óptimo de la inversión en la reducción de emisiones. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, por ejemplo, empleó el valor medio de 37 dólares a partir de tres IAM para evaluar las regulaciones de los gases de efecto invernadero. Canadá, México, Reino Unido, Francia, Alemania y Noruega también han utilizado IAM para analizar propuestas de políticas climáticas y energéticas.

Aunque es útil, los IAM tienen que hacer numerosos supuestos simplificadores. Por ejemplo, una de las limitaciones es que no tiene en cuenta cómo podrían persistir en el tiempo los daños asociados con el cambio climático. “Desde hace 20 años, los modelos han asumido que el cambio climático no puede afectar a la tasa de crecimiento básico de la economía -señala– Moore. Sin embargo, una serie de nuevos estudios sugieren que puede no ser del todo cierto. Si el cambio climático no sólo afecta a la producción económica del país sino también a su crecimiento, entonces tiene un efecto permanente que se acumula en el tiempo, generando un coste social del carbono mucho más alto”.

En el nuevo estudio, Moore y Diaz emplearon un IAM empleado ampliamente, llamado Modelo Dinámico Integrado Climático-Economía (DICE, por sus siglas en inglés) y lo modificaron de tres maneras: permitieron que el cambio climático afectara a la tasa de crecimiento de la economía; tuvieron en cuenta la adaptación al cambio climático y dividieron el modelo en dos regiones que representan países de altos y bajos ingresos.

“Ha habido muchos estudios que sugieren que les irá muy diferente a los países ricos y los pobres en cuanto a los futuros efectos del cambio climático y queríamos explorarlo”, relata Diaz. Una de las principales conclusiones del nuevo trabajo es que los daños asociados con reducciones en las tasas de crecimiento económico justifican una mitigación muy rápida y temprana que sea suficiente para limitar el crecimiento de la tempratura global 2ºC por encima de niveles preindustriales. Éste es el objetivo que algunos expertos ven necesario para evitar los peores efectos del calentamiento global.

“Este efecto no está incluido en los IAM estándar –apunta Moore–, por lo que hasta ahora es muy difícil justificar medidas de mitigación agresivas y costosas porque los daños no son suficientemente grandes”. Los países en desarrollo pueden sufrir más efectos del cambio climático.

“Si los países pobres se vuelven menos vulnerables al cambio climático conforme se hacen más ricos, retrasando algunas reducciones de emisiones hasta que están más plenamente desarrollados para hacer mejores políticas -explica Diaz–. Nuestro modelo muestra que se trata de una gran incertidumbre en la política de mitigación que nadie ha explorado en trabajos anteriores”.

El modelo DICE señala que la representación de la mitigación es limitada porque no se tiene en cuenta, por ejemplo, el hecho de que cuesta tiempo desarrollar y desplegar las tecnologías de baja emisión de carbono. Además, mientras se exploran los efectos de la temperatura en el crecimiento económico, el modelo no tiene en cuenta la posibilidad de que los esfuerzos de mitigación impacten también en el crecimiento.

“Por estas dos razones, el nivel de mitigación rápido a corto plazo detectado en nuestro estudio puede no ser necesariamente económicamente óptimo”, reconoce Diaz. “Pero esto no cambia el resultado general de que si la temperatura afecta a las tasas de crecimiento económico, la sociedad podría enfrentarse a daños climáticos mucho mayores de lo que se pensaba y esto justificaría políticas de mitigación más estrictas”, concluye.